27/8/2014

Apuntes / 15 (mapa de lectores de esta bitácora)

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Apuntes / 14


En la poesía, como en la vida, el berrinche sirve de poco. Un poema intrascendente no se borra con pataleos, apenas encontrará atenuantes si nos conduce hacia el buen poema, porque, bien mirado, un intento lírico fallido así podría servirnos para mostrar el camino recorrido por una forma esencial –sea clásica o de vanguardia– hasta que consiguió cristalizarse.

Cuando alguien pergeña libros de poesía con insistencia pero sin conseguir que le llamen "poeta", más le valdrá poner atención. Por más berrinches, pataleos, alardes de autoridad o de violencia verbal que ejecute, el poeta jamás conseguirá que el buen poema surja de la nada, mucho menos como consecuencia de su maestría en otras artes.

El buen poema es un territorio inviolable, por más bombazos que se le tiren, resistirá. Patada, pujido, alegato, manada o arrebato, todo será inútil. Es por eso que el valor de un buen poema resulta tan alto, a pesar de su aparente fragilidad.

25/8/2014

Apuntes / 12

Recordemos por un momento el Mundial de Brasil 2014:

El equipo de Brasil, sin venir jugando muy bien, se siente poderoso porque está en casa, porque tiene la tradición más sólida, porque de algún modo sabe, o quizás apenas cree, que la máxima autoridad, la FIFA, le tendría que favorecer siempre y en cualquier circunstancia.

Entonces Brasil se lanza, lujo de fuerza bruta mediante, contra el actor emergente, la deleitable aunque todavía inexperta Colombia, hasta molerla a palos y sacarla de combate. No quieren ver que otros bailan salsa cuando ellos no consiguen bailar sus mejores sambas.

En esta ruta, ya como un primer anuncio de que se está yendo contra el flujo natural de las cosas, el equipo de Brasil pierde a su niño genio, a la joya de la corona, al estandarte de lo renovador instalado en su estructura anquilosada: el angélico y brillante Neymar. Por su parte, el joven estandarte colombiano del nuevo futbol, James, sale de la cancha humillado aunque moralmente entero, pues en sus ojos es visible desde ya la aparición, no del todo inesperada, de ese insecto llamado “Esperanza”.

Lo que viene después de la camorra contra Colombia, lo sabemos muy bien, será la reacción del propio sistema, en este caso el futbol como práctica deportiva o como juego: Alemania, un viejo actor, tan fuerte como Brasil pero al mismo tiempo tan renovador y deleitable como la desamparada Colombia, llega para poner la situación en orden y conciliar el equilibrio: es así que le propinan al bravucón dueño de casa un brutal 7 a 1 que nadie se esperaba y que, por raro que pueda parecer, ningún verdadero amante del futbol disfrutó.

Moraleja: tal parece que, en momentos de cambios y de reajustes, sólo conservan o hacen aumentar su influencia quienes se adaptan –o los que se adelantan– a las nuevas formas, los que se atreven incluso a desafiar la propia tradición, los que permiten el libre juego entre nuevos y viejos actores, los que saben anteponer a sus caprichos el bienestar mismo de una pasión que no sólo se construye, sino que también se disfruta, de manera colectiva.

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Siempre me ha gustado esta tira de Calvin & Hobbes, dale clic:

http://d.pr/i/GWRG

22/8/2014

Pequeñas propuestas para el nuevo milenio

Que cada quien forme su banda de rock imaginaria.

Que los iluminados paguen el recibo de la luz.

Que cada quien se haga cargo de sus lecturas.

Que cada quien se responsabilice de sus propios sueños.

Que cada quien se haga cargo de su fantasía y de su delirio.

Que cada quien escoja el animal en que desea transformarse (o transmogrificarse).

Que cada quien escoja la teleserie que nunca verá.

Que cada quien diseñe el playlist de sus viajes.

Que cada quien escriba sus apuntes donde más le guste.

Que cada quien se responsabilice de sus alegres interpretaciones.


20/8/2014

Apuntes / 11 (Falso tuit)


Estaba escribiendo un artículo pero lo mandé por un tubo (de ensayo).

Apuntes / 10


A lo largo del último período me he visto sumergido en un conflicto interesante: el escaso tiempo que tengo disponible para la escritura creativa se lo disputan dos estilos muy distintos de concebir la poesía. Son (por lo menos) dos estilos que siento igualmente míos y que por momentos alcanzan una tregua, se estrechan la mano, se saludan, se besan, se entremezclan, cualquiera diría que están locos por entregarse a una orgía literaria que podría engendrar endemoniados frutos.

El diagnóstico malintencionado dirá: “esquizofrenia”. Un diagnóstico más conveniente dirá: “experimentalismo”. La verdad es que quién sabe, a estas alturas lo único que me va quedando en claro es que no puedo evitar la disyuntiva.

¿Se tratará de una confrontación que busca orientarme hacia la necesaria hecatombe (iba a decir “eclosión” pero me arrepentí a último segundo) de eso que hasta ahora entendí como poesía?



(Implementos prestados por un escritor amigo)


La solución puede ser que lo que venía escribiendo estos últimos años, con un estilo pretendidamente unitario, termine por encallar en un libro más bien corto, unos 30 poemas guarecidos bajo el título de Siembra de lector. Hablo aquí de un estilo que aspira a cierta claridad, en donde los enrevesamientos son apenas una señal de alerta sobre la fragilidad del lenguaje.

Lo otro, lo que viene del fondo de la locura, parece ir ganando terreno en estos momentos. Puede ser una falsa alarma, nunca se sabe a ciencia cierta, sin embargo se le siente con fuerza, exige su momentum, me pide que no lo deje escapar, me exige que se le abra un espacio tan abrasivo como imaginario, que se le reconozca su empuje absolutamente descoyuntado, hablo de un estilo que pareciera darse a la fuga nomás para mostrarme que la iluminación de toda poesía proviene de su sombra prendida de fuegos artificiales.

Pero existe una tercera vía, claro está, la opción de mezclarlo todo como en un tubo de ensayo para ver qué es lo que pasa. Pienso que a lo mejor un estilo no necesita abolir al otro, no lo sé, a lo mejor lo que se necesita es que de un conflicto surja siempre algo ulterior que venga a superar a esas dos fuerzas que en su necedad ansiaron chocar.
  
Ya veremos.

19/8/2014

Apuntes / 9


He retomado mi libro de poemas, hasta el momento tengo 15 corregidos. Todos estos poemas nuevos, o la mayoría, no recuerdo bien, los incluí en una selección titulada Pasan poesía en la televisión apagada que presenta otros 20 poemas viejos –los más aceptables que he escrito, podría decirse–, publicada el año pasado en Ecuador

Todavía no sé si el nombre de este libro será Siembra de lector o si usaré una variación del título de la antología recién editada, por ejemplo, Pasan poesía en un cine incendiado. Ya veremos.

Lo que siempre supe es que estaba mintiendo cuando dije “He aprendido a escribir poemas”. Uno nunca aprende, los poemas lo agarran a uno en curva, se escriben solos o apenas muestran un aspecto de la sombra del lenguaje o se mueren soñando que son la luz.  

Ahora trabajo en este poema. Creo que lo he ido mejorando un poco:


Libélulas

He visto el esqueleto de mi alma,
y no he tenido miedo.
María Bautista 


Jamás dejaré de ser lo que nunca he sido,
Es mejor quedar vacío como un poste de luz,
Ya sé que está apagado, por eso mi cabeza
Se parece a una bombilla rota vuelta lumbre,
Mírame, no puedo ser lo que ves que no soy,
Mis ojos resplandecen en tus ojos (un deseo,
Una oscuridad muy parecida a los colores),
Y es como irse creando con el movimiento
De tus párpados sacudidos como libélulas
Que se mueren en otra vida, en otro mundo, 
En otro sueño donde me dejas de soñar,
En una desviación silenciosa de la realidad,
En cualquier espacio iluminado por tu voz.


18/8/2014

Apuntes / 8


Cada proyecto de escritura es un proyecto de vida. Si no se le encara de este modo, no hay forma de ganar la energía para sobrellevarlo.
Por un lado sentimos la urgencia de plasmar el registro de un determinado estado de ese universo que fluctúa incesante al interior de la mente. Emociona porque se trata de una energía vital que está relacionada con la aventura. Por otro lado está el resorte de la paciencia que la poesía nos ha enseñado: saber esperar, saber aguantar como Li Po hasta el momento justo en que irrumpe la revelación de una figura esencial. Examinada así, es verdad que la escritura se parece un poco al vaivén de la vida, entre la inmadurez tan sabrosa y la sabiduría tan rica.
De lo que hasta aquí he aprendido, puedo decir que lo mejor es no publicar nada, salvo en caso de necesidad extrema. Nadie necesita nuevos libros, hay suficientes en circulación. He visto a las mejores mentes de varias generaciones destruidas por haber publicado un libro malo. Ojo que no los destruye el hecho de que el libro sea malo, sino la incapacidad de aceptarlo.
La paciencia, la calma, la voluntad de aprender ejercitando el examen de los propios yerros, son los mejores consejeros para las manos que desean emprender de manera autónoma la aventura de llenar la página. Más vale conseguir un pequeño poema perdurable que dispararse una mala novela que no se la mama ni el más piadoso. O por lo menos eso es lo que pienso un lunes por la mañana, mientras me froto los dedos para agarrar el manubrio de la bicicleta.