lunes, noviembre 23, 2009
Imprudencia
La forma prudente de escribir pretende congraciarse con las formas prudentes de gestión del mercado, la academia y el estado.
Nunca citaremos a Nabokov con inocencia: está el escritor que lo hace para fingir un linaje (y cuando lo finge está, desde ya, creándolo) y quienes lo hacemos como una forma dura de negociación simbólica.
A la escritura imprudente le interesa leerlo todo y también sabe fingir simetría con el canon. Al escritor imprudente no se le perdonará ningún bache de lectura: está siempre bajo vigilancia. Al sufrir en el desarrollo de su mentalidad esta didáctica disciplinaria, el escritor de la imprudencia puede alcanzar un nivel superior, en términos nietzscheanos. Puede viajar de los márgenes al centro y sabe volver, ejecutando con éxito un vaivén simbólico que recuerda a ciertas formas del comercio y el pillaje.
El prudente es cosmopolita, el imprudente es nómada o migrante económico.
No pasar por alto: la escritura de la prudencia también sabe aparentar insurrecciones, sobre todo en un nivel performático, donde la lengua no se ve desestabilizada. Al hablar desde el poder, lanzan sus discursos con fuerza, astucia y convicción. Se absorbe la estrategia más delirante, insurrecta o rebelde y se plantea la combatividad desde una comodidad apoltronada que se quiere incuestionable. Pero lo que siempre se deja intacto es el lenguaje, puesto que resulta imposible atravesarlo de la carga histórica y de clase que éste acarrea sin dejar a la vista de todos ciertas contradicciones insoportables.
Las formas prudentes saben invadir los bordes de las literaturas imprudentes y les aplican un expolio que con mucha ingenuidad celebramos.
Por suerte, también ocurre lo contrario...
miércoles, noviembre 18, 2009
Espejo de agua
sábado, noviembre 14, 2009
Lamborghini *
En estos poemas el extrañamiento se produce al mismo tiempo que el acercamiento. Cada poema va avanzando hacia un grado de desolación cada vez más insoportable. Son poemas del exilio político que, sin nombrarlo, hacen mención de otro exilio, el de la vida. Cuando en “Admirar una tela” me refiero, obviamente, a admirar la tela blanca sin pintar, me refiero a admirar la posibilidad de crear, esperanza que se acaba desde el momento en que se apoya en pincel sobre la tela. Estos poemas están hechos con una economía tal que semejan una piedra en el agua que va generando círculos cada vez más grandes y lejanos, de manera que con pocas palabras abarcan muchos de los temas esenciales. Son poemas del silencio, variaciones del silencio.
-No se puede ver sino a través del otro.
Un otro para verse porque, desde sí, se niega.
Leónidas Lamborghini, 1 de agosto de 2006.
EL SECRETO
Como el que
guarda un secreto
y no
lo dice.
Como el que
tiene
un secreto
y se lo guarda.
Como el que
ve que todo
cae hecho
pedazos:
y es el secreto
que no dice.
INSISTENTE
Como el que
toca
esa tecla
rota.
Como el que
insiste
en dar
ese sonido.
Como el que
-tecla rota-
da ese sonido
con el que
insiste.
TRES GAGS DE LA PARED
3
Como el que
dibujaba
un túnel
en el muro.
Como el que
dibujaba en el muro
un pequeño tren
que entraba
al túnel.
Como el que
subía al pequeño tren
y atravesaba
el muro.
OCULTACIONES
Como el que
se esconde
en sí mismo.
Como el que
se esconde
de sí mismo.
Como el que
se esconde
a sí mismo.
Como el que
no sé
y se esconde
así.
UNA PASIÓN
Como el que
ha dejado
de vivir.
Como el que
apasionadamente
ha dejado
de vivir.
Como el que
deja
para la muerte
la pasión de vivir.
LA TAREA
Como el que
se ha impuesto
una tarea.
Como el que
se ha impuesto
la tarea
de morir.
Como el que
se ha impuesto
terminar esa tarea
antes de morir.
EL EXTRAÑO (1)
Como el que
se siente ya
un extraño
en la vida.
Como el que
siente ya
extraña
a la vida.
Como el que
en la vida
se siente ya
un extraño
entre extraños.
EL ESPEJO
Como el que
asoma
su rostro
al espejo.
Como el que
se asoma
al rostro
del espejo.
Como el que
desde el rostro
del espejo
asoma un rostro.
EN EL ESTANQUE
Como el que
se inclina
hacia la quietud
del estanque.
Como el que
se inclina
a interrogar
esa quietud.
Como el que
desde el borde
-al borde-
la interroga
inclinado.
ADMIRANDO UNA TELA
Como el que
mira
una tela.
Como el que
mira
esa tela
sin pintar.
Como el que
admira
esa tela
sin pintar.
EL MENSAJE
Como el que
arroja
una batalla
al mar.
Como el que
la arroja
vacía.
Como el que
la arroja
vacía:
y ese es su
mensaje.
EJERCICIOS
Como el que
se arrodilla
en su silencio.
Como el que
se arrodilla
en su silencio
que lo levanta.
Como el que
cae de su silencio
y vuelve
a arrodillarse.
EL PELICANO
Como el que
ve descender
a un pelícano
sobre su presa.
Como el que
lo ve descender
veloz,
voraz.
Como el que
lo ve arrojarse
de pronto
veloz,
voraz,
sobre su presa:
pez vibrátil aún
que en el buche
pregunta todavía.
EL CONDENADO
Como el que
-condenado-
medita su último
deseo.
Como el que
medita
su último deseo
de condenado.
Como el que
condenado,
medita su último
deseo de condenado:
meditar
su condena.
LA ESPERA
Como el que
espera
congelado
en su horror.
Como el que
espera
congelado
en su espanto.
Como el que
espera
congelando
su horror
y su espanto.
* Poemas extraídos del Libro CIRCUS, publicado por Ediciones Libros de Tierra Firma, 1986, Buenos Aires. Leónidas Lamborghini nos cedió generosamente estos textos, junto a la nota introductoria, para el segundo número de lo que fue la revista Rusticatio, publicación electrónica que estuvo on line durante el año 2006. Sirva esto como un breve homenaje por la desaparición física del enorme autor argentino...
Imagen: http://www.revistalamasmedula.com.ar
viernes, noviembre 13, 2009
Atitlán

El lago no se arruinó ayer, señoritos. Esta catástrofe viene de atrás: no sé si todo comenzó antes de que Jim Morrison viniese a fundar, secretamente, esta Meca de la Psicodelia Mundial. Dicen que aquel talento emergido de Florida vino a abrirnos las puertas de la percepción; dicen también que el problema es que las dejó todas cerradas bajo llave. Tuvo que ser Huxley (o yo no sé quién) el que nos convenció de que aquí teníamos el lago más bello del cosmos, la confirmación de un trabajo superior. Esto podía haberse leído como certeza desde un par de siglos atrás, habría resultado fácil descifrarlo en los ojos de los niños que viven cerca del lago... pero a ellos no les creemos, o no los queremos mirar. El lago de Atitlán sigue siendo el más bello del mundo, y lo digo con todo el chauvinismo que me puedo permitir. Y la cyanobacteria que lo inunda no es otra cosa que la confirmación de su belleza mutante. Así es, lo digo convencido. Este lago es capaz de soplarnos una mugre verde que por fin nos avergüenza un poco. Tuvieron que nacerle tigrillos acuáticos que se devoran la imbecilidad con la que nos gusta adornarnos. Algas uniendo nuestras mentes, como una red para pescar tigrillos de agua. Porque, hasta aquí, nuestra relación con la naturaleza ha sido simplemente utilitaria, vamos, nuestra relación con este país ha sido la de verlo como paisaje, basurero y hervidero de sirvientes. Pero un día la cyanobacteria crece como una web intravenosa y nos deja verdes, horrendos, como aquellas tortugas ninja que vivían en las cloacas. Una rata resultaría más sabia, todo un sensei, para nosotros, hijos de las algas... Ahora vemos al lago y nos señalamos con intermitencia, echándonos la culpa del desastre colectivo. Ya se nos olvidaron todas las chencas que lanzamos al agua; ya se nos olvidaron las partys en los más bellos chalets; ya se nos olvidó todo el desperdicio industrial que nos hace sentir que vivimos en un país con industrias. Del agroquímico admiramos su capacidad de acelerar el tiempo... En Google, señoritos, pueden mirarlo todavía, hay fotos de un lago muy bonito que se llama Atitlán... Ah, qué rico fue llenarlo de turismo, la industria sin chimeneas; qué lindo fue convertirlo en el rincón preferido de la cacería de gringas. Qué hermoso fue quebrarnos botellas en la cabeza durante una poco elegante borrachera de Panajachel... A este país hay que dejar de verlo como paisaje, o como un pántano de leprosos que hay que administrar con crueldad extrema. Cuando esta mirada cambie, la cyanobacteria resplandecerá en el cielo y se irá disolviendo como una tenue neblina: ese vaho tomará la forma del recuerdo del desastre que hemos sido... y lloverá maíz, además de muchos granos básicos, para felicidad de todos.
Imagen: images.travelpod.com
lunes, noviembre 09, 2009
Novela

Lo he querido ocultar, lo sé: abordé el asunto como si tuviera poca importancia, pero la verdad es que sí resultó para mí una terrible pérdida. Hablo de aquella novela que se me hundió en un disco duro muerto, como si se tratara de un naufragio al interior de cierto mar de electricidad. Es verdad que escribí Caja Negra XX 2012, incluso fue publicado en México por la Red de los Poetas Salvajes, una bella edición de hecho, mas ni así me logro sentir reconfortado. Durante un tiempo me engañé, hasta lo dije públicamente, sí, me puse a afirmar que había escrito el doppelgänger de mi novela perdida, es decir, fingí que la cosa no era tan tétrica, tan devastadora; aseguré que mi intención era que se pudiera leer aquella trama ausente a través de los intersticios de mis poemas... pero ahora lo pienso y no me basta... Hay vacío en el vacío. Los personajes de mi novela eran todos los dobles de otros personajes, remedándose los unos a los otros; pasaban cosas fabulosas, otras no tanto. No era para nada autobiográfica, aunque luego lo afirmé en una entrevista. Tenía poco más de doscientas páginas corregidas, y ahora sólo tengo veinte sin corregir. La página es blanca, negro el deseo. La tinta descubre estrellas que comienzan a brillar desde el papel. Otra de mis mentiras respecto a esa novela perdida, fue decir que la terminaría en diciembre y que la publicaría el año próximo. Tendré que esperar algunas décadas, quizás, pienso que lo que me queda es esperar ese retorno, no sé, de alguna forma mística e irracional espero que aparezca este libro adentro de otra computadora, en otro disco duro que jamás he visto, ni tocado: como si la hubiese escrito otro y me fuera concedida como un presente luminoso. Ya sé que esto es imposible. Lo que pasa que uno hace de todo para evadir la realidad.
Imagen: http://carlosvalencia.files.wordpress.com
sábado, noviembre 07, 2009
De una entrevista de Barber van de Pol

"Su obra es muy persuasiva, según yo, pero no trata de convencer. ¿Es para ser cortés? ¿O usted no cree en verdades?"
Borges: Las dos cosas son verdad.
"Me levanto (escribe van de Pol). Él me pregunta qué sería mi nombre en español, y reacciona cuando escucha: Von dem Grass. Extraño. Von dem Grass. Pero entonces usted es la cierva que salta sobre la hierba. Extraño. Von dem Grass..."
Traducción del neerlandés, Lisa Thunnissen. Tomado del libro Alles in de wind.
Imagen: www.themodernworld.com
viernes, noviembre 06, 2009
The policy of truth

Sólo me siento bien cuando me invitan un whiskey. Esto suena bukowskiano, lo acepto, otra fácil treta en estilo me fui a dormir tarde, borracho y acompañado. Afortunadamente, una parte de lo que dije es mentira: aunque sí me dormí tarde y borracho. La verdad, a mí en ciertos momentos sólo me interesa el whiskey. Salgo del bar, a fumar un cigarrillo. Normalmente no fumo, pero se ve bien un whiskey en una mano, y un marlboro en la otra. Maldita publicidad mal digerida, malditos años ochenta. Es una imagen un tanto ridícula, la mía, si nos fijamos. Abro bien los ojos cuando salgo a fumar frente al bar: la acera está mojada, pues llovió un poco. La calle también, en el asfalto resplandecen partículas de cosas que no deseamos reconocer. Ahora pasa una patrulla de policía y los saludo como si fueran mis mejores amigos. Un acto reflejo, digamos. Mi carro está a buen resguardo, parqueado a la vera, pero la mujer que lo cuida se ha desvanecido como un fantasma tragado por un charco. Era una mujer anciana, pobre, pero brillaba la gallardía en sus ojos. Aparece, y hablo con David Marín sobre la lógica y la fe: él bebe vino. David es de los pocos que entienden algo; y no le resulta difícil, claro, tiene un doctorado en física y no se lo anda escupiendo a nadie. Entender de supercuerdas te da seguridad, no cabe duda. Hablamos y bebemos. Justo cuando me comentaba una refulgente paradoja, veo llegar al Gran Hotel a unos muchachos. Se sienten muy salsitas y coquetos. Logro percibir que dicen algo sobre mí, de hecho me señalan, pero no los entiendo, es como si hablaran una lengua que jamás voy a aprender. No deseo conocer su voz, tampoco. Me miran con curiosidad al inicio, incrédulos. Luego intentan verme con desprecio, pero para mí no existen. Me gustaría decírseslo. La muchacha que los acompaña llega a hablar conmigo; jura que se haría camisetas con una serigrafía mencionándome, suelta varias clases de chistes empapados de coquetería. Son bromas, aunque sus movimientos electrizados revelan algo subterráneo y díscolo. De las mil excusas para vincularse con mi biografía, la de las camisetas de homenaje y la de pregonar una falsa pelea de bar conmigo me parecen las más imbéciles. A mí no me importa si el arte de no sé quién se va a vender o no. Por mí cualquier fulano puede dedicarse a la fabricación de micro-machines, no me atañe. Puede tener fama y fortuna, yo no me voy a enterar. Si se muestra su obra en una galería atrás del parque, o del mercado, me da igual. En Honduras hay todo un relajo político más interesante a estas alturas, si a eso vamos, pero nadie lo comenta después de tres whiskeys. Qué bueno, podrían ponerse pesados con ese tipo de cosas, no entienden nada. Son horribles. David Marín por lo menos habla de agujeros negros y de hacer una Cosa Extraña Parecida Al Arte. Le creo, a este broder no le interesan las galerías, ni los catálogos, es un tipo que va en serio. Su promesa es alterar un fragmento de la realidad. Nunca lo he escuchado hablar mal de alguien, ni proferir chisme alguno. Su disco duro cerebral está ocupado en civilizar a esta parvada de orates. Luego dicen que yo soy el cínico, mas lo que veo es un montón de artistas con hambre de que yo los mencione. Hablo de los muchachos que han entrado al bar, como es notorio. Han de estar jodidos si dependen de la opinión de un poeta que ni siquiera puede verlos. Bien jodidos. Su biografía no me la estamparía en una camiseta, chicos, es más, intento por todos los medios olvidar que existen sus nuevas comisarías del nuevo arte, o lo que sea. Ustedes son como los de Jalisco, que cuando no ganan, arrebatan. La verdad es que no los necesito y, si se fijan bien, ustedes tampoco me necesitan, así que deberían pasar frente a mí como si yo no existiera, no es tan difícil. Es como ir a una exposición sólo para tragarse todas las boquitas y beberse el vino desmesuradamente. En las ciudades grandes la elegancia se mide por la capacidad de ignorar a otro: y si reflexiono un poco, al decir esto me voy confirmando el tamaño de este valle. Qué chiquito. Una buena ciudad es una forma de esconderse... También podrían intentar vestirse mejor, chavos, el estilo "Alek Syntek" ya fue hace mucho tiempo. Los lentes de carey están out, les informo. A estas alturas, lo único vistoso es parecerse a algún integrante de Depeche Mode: honestamente, siempre ha sido y siempre será así. Es algo estable, que permanece. Si lo piensan bien, su opinión no le interesa a nadie, jóvenes, es bonito pensar lo contrario, pero más allá del parque central hay otro mundo respirando. Se hablan diversos idiomas que ustedes jamás querrán aprender. Para el inglés pueden contratar una secretaria; será más difícil para el francés. La música brasileña no sólo sirve para aclimatar los lobbys de los hoteles: si se esforzaran podrían disfrutar a la Calcanhotto, por lo menos. Se los juro, para hablar portugués hace falta algo más que pronunciar erradamente alguna bobagem. No estoy enojado, lo juro, es otra cosa. Por la tarde estuve triste: pasó algo terrible el día anterior y desde entonces me puse a mirar al cielo. Un viejo amigo mío se fue ayer hacia un lugar inmirable , pero a otro buen amigo le celebré ahora, con todo el cariño posible, un año más de vida. Llegando la noche en El Gran Hotel me fui poniendo feliz, pues me comenzaron a invitar los whiskeys. Por eso no estoy enojado, en serio que les deseo buena suerte, muchachos. Soy un borracho buena onda, los que me conocen lo saben. El whiskey me hace mezclar las memorias inmediatas, eso sí. Ahora que recuerdo, por ejemplo, la broma de las camisetas en mi homenaje ya me la habían hecho un poco antes, otros artistas en El Gran Hotel. Estos sí me caían bien, uno de ellos usaba boina y lentes de carey, pero de verdad me cae bien. Voy a contradecirme, pero no se miraba mal. Usaba un morral muy chic. La otra tenía el cabello rojo, parecía una chispa o una fogata. Era dulce. La otra artista era morena y bella. Me cuenta entre tragos que se irá a Nicaragua, está muy feliz. En plan de chiste le digo a su novio (un excelente periodista científico), que la vigile o se la van a robar. Nunca se sabe con la piñata sandinista, insisto. Reímos. Estos cuatro de veras que sí me caen bien... Ahora que lo pienso, no quiero que crean que yo estaba hablando mal de ellos en este blog, nada que ver. Hicieron la misma broma de las t-shirts y en sus bocas me pareció muy divertida. Luego se pusieron a hacer chistes a costas mías, pero yo me la gozaba. Eso fue antes, un par de horas antes. Luego llegaron los gallitos ingleses y la nena que los acompañaba. No sé por qué cambió tanto el panorama con ellos. Habría que preguntarle a David Marín sobre la cuántica implícita en el ojo del que contempla esta clase de experimentos sociales. Qué hace que unos me parezcan tan simpáticos, y otros no pasen de ser para mí unos pelmazos, aunque se hagan pasar por artistas. Podríamos culpar al whiskey.
Imagen: fabamo.wordpress.com


